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Si las aves vuelan ¿porque no tú?

Podría jurar que estabas excitadamente contenta. Esperaste tanto ese momento, querías sentir la libertad. Seguro pensaste: si las aves vuelan ¿porque yo no?

Ya no tenías interés en la seguridad que da el suelo firme; no escuchaste consejos, no pensaste en riesgos. Tomaste el transporte que te elevaría al cielo. Lo que no sabías, es que estarías en la cumbre tan solo un instante.

No temiste, tampoco pensaste; estabas donde querías. Te creíste preparada, la adrenalina te enceguecía. Te lanzaste sin más, ni el poder del viento creías que te podría detener; te sentiste un águila real.

Pero algún día trataras de tirar del paracaídas; no lo encontraras. Cuando sientas el vértigo será demasiado tarde. La sensación de vacío en tu estomago te hará comprender que te equivocaste. Te aconsejo mirar hacia el horizonte, nunca hacia atrás. No me busques porque para mí, tu avión voló demasiado lejos.

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Mi manager

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Tenía que escribir esto para darle vuelta a la página. Hace tiempo te fuiste y no regresaste. Nunca supe el motivo de tu abandono. Espero algún día encuentres esta botella.

Te ofrecí mi amistad y mis letras, nunca fue más que eso. Siempre cumplí nuestro pacto de admirarnos y habitar entre nubes y letras para que sonreír costara menos. Cabalgar fuera de este universo, dejar a un lado tristezas. Construir un mundo, un inmenso castillo a base de sueños.

Siempre seguí tus reglas:

“No vale ir más allá del amor que profesamos a nuestras letras” .
“Nunca dejar de soñar”.
“Nuestra meta será construir nuestro reino encantado”.

Quiero brindar por el pasado, brindar por el presente. Que no se borren nunca las huellas, ver sobre la arena el andar de nuestros pasos. Quedaron mil sueños incompletos. ¿Qué seria de mi vida, si tú estuvieras presente?

Dijiste que se valía cerrar los ojos un instante y vivir a plenitud la magia del amor entre versos. Que se valía vivir soñando y también soñar despiertos. Pero parece que confundiste mis deseos. Y pensaste que todo era cierto, aunque siempre dijimos que todo era tan solo un juego.

Algunas vez me diste las gracias por nuestra incipiente amistad. Ahora quiero darte las gracias por aquellos tiempos que no volverán.

Gracias, por haberme dedicado algunas líneas,
Gracias, por haberme abierto las puertas de tu amistad,
Gracias, por haberme hecho sentir más allá de las fronteras de este universo,
Gracias, por haber escrito juntos,
Gracias, por haber llenado mis días de sonrisas,
Gracias, por haber habitado mis sueños,
Gracias, por haber sido,
Gracias, por haber estado,
Gracias, mil gracias.

Fuiste mi manager; presidenta del club de fans, promotora, admiradora, mi otra piel y todo lo demás. Ahora que te necesito, desafortunadamente no apareces por ningún lado. Espero que cuando leas esto y mi libro, vuelvas a querer ser mi manager. Porque deseo de corazón que cuando me vuelvas a leer, vuelva a ser, tu más dulce anhelo, y que tu corazoncito vuelva a ser de mis letras. Ojala que esto sea un hasta pronto y no un adiós. Te mando un abrazo donde quiera que estés, mi amiga de letras. Y nunca lo olvides, siempre serás mi pequeña metáfora perfecta.

Y como me lo dijiste en un monologo que me enviaste por correo: “espero recibir un abrazo tuyo algún día”.

Te dejo un beso del tamaño de la vía láctea, ¿te parece? 😉

P.D. Espero que cuando leas esto, la prosperidad haya llegado a tu país.

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¿Y después de encontrarte, qué?

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Creas fantasías que tocan el corazón
Sueños que arrullan el alma
Palabras que dan vida a este
Tu humilde servidor.

Esa es la mejor musa que puede tener un escritor
Una musa que sueña y que siente los latidos de su corazón.

Soñemos pues, que cruzo entre ríos y montañas
Soñemos que te busco entre cielo, mar y tierra.

Pero dime, ¿y después de encontrarte, qué?
Mejor te invito a mi espacio sideral
Ese que está lleno de cuentos y fantasías sin igual.
Ese que dice que tú eres mi chica especial
La que sueña conmigo en mis brazos estar.

Y si a eso quieres jugar; cuenta conmigo que yo si quiero soñar.

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Mi otra piel

Neni, mi niña consentida, mi pequeña mimada
Néctar terrenal, manjar de Dioses
Musa de sueños, de melodía encantada
Pintura surrealista, escultura sin poses.

Manager te dices ser, de un joven poeta
Que de poeta tiene, lo que de sol el cometa
Escribes, me atrapas, me halagas, me alegras
Más yo la vida diera, por conocer a mí adorada.

Hay un alma perdida, una eterna soñadora
Mujer interesante, buscando amante
Y por amante no digo farsante
Más bien, algún príncipe andante.

Camuflemos este amor, con letras multicolores
Entre estrellas de mar, luces de coral
Escribiré en la arena, un verso para una sirena
La sirena serás tú, pero solo en mi mente etérea.

Mi nombre ya lo sabes, mar sinuoso pero bello
Relámpago nocturno, Misterioso Caballero
¿Qué, que es lo que quiero? Yo solo deseo
Una diosa, una musa, para este humilde ateo.

Eres mi otra piel, eres la que siente
Ardiente, candente, la que no miente
Eres la que me hace escribir, mi amiga eterna
Y sin temor a equivocarme, eres la que a mi mente gobierna.

Me despido de ti, con un último deseo
Que sigas escribiendo, como hasta hoy lo has hecho
Que no te olvides de mí, querida amiga
Y que Dios a ti te bendiga.

(Tu eterno admirador).

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Metáfora perfecta

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Siendo yo apenas un niño, soñaba con una princesa encantada, que fuera mi otra piel, que fuera mi niña mimada.  Y después de tantos años, entre duendes, sueños y hadas por fin la encontré. Hoy soy ya todo un caballero que te encontró demasiado tarde y solo me conformo con dibujarte entre letras… tocarte entre sueños.

Divino esto que siento, pues mi musa es una diosa, y más allá de tus sueños y tus letras, yo te invito a conocer  la verdad de mi silencio. Aunque sé que platónico es nuestro amor, por ser artístico nuestro idilio.

Verdades a medias acostumbro escribir, deseos prohibidos, misterios aún por descubrir. Huyamos de la realidad para encontrar amores perfectos, sigamos soñando, pero hagámoslo despiertos.

Y no te asustes mi niña por lo que tanto deseo, pues siempre serás mi musa… mi inspiración y nada más que eso. Entre nosotros solo existe la magia, el encanto… nuestro castillo es el misterio. Ese es nuestro reino… habitémoslo.

Siempre tendré en mente las reglas que inventaste en nuestro juego. Y si dices que soy tu más dulce anhelo, yo te amare entonces entre sueños. Pues como ya lo sabes, soy un soñador de cuentos, vivo de fantasías y creo misterios. Aunque a veces se me escapan de las manos y se mezclan en mi loca realidad.

Eres la más reluciente de las estrellas, tus letras transforman mi tristeza en alegría, eres la metáfora perfecta que sana mis heridas.

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Ladybug

ladybug

 

Hace algunos lustros coincidimos en algún punto del espacio-tiempo. Al principio fuiste como un minúsculo coleóptero de llamativo color con tintes supersticiosos (se asegura que es de buena suerte). Después, -así como ha ido evolucionando nuestra amistad- te transformaste en una Diosa azteca.

Aunque distantes -por tiempos y espacios- estamos más cerca cada vez. No dudo que en algunos momentos pensaras que me olvido de ti. Pero cada letra, cada palabra que escribo; evoca tu presencia. Me presentaste a los poetas, liberaste a mi musa y gracias a esa influencia; escribo.

Fue larga la sequía, pero vuelvo de nuevo. Para empezar ¡no podría ser de otra manera!  y como reza el título de algún poema de Sabines: “Me doy cuenta de que me faltas”.

Esta, nuestra amistad, es difícil de adjetivar. Para describirla solo puedo decir: ¡ha sido a toda madre¡ no hay otra forma de expresarlo. Pues como diría Stephen King en su libro “On Writing” (palabras más, palabras menos) para describir algo difícil de explicar, lo mejor es decir lo primero que se piensa.  Siempre será mejor el lenguaje directo y cotidiano.

 

Carpe diem, LadyBug.

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Malos presagios

Amaneció pensativo ese día. Jugando al adivino miraba a través de aquel espejo que sostenía entre sus manos, como queriendo descubrir los últimos misterios que pesaban sobre su relación marital. La mala suerte rondaba, los astros burlones presagiaban una mala jugada. Nunca imaginaría que aquella mañana ese cristal estallaría en pedazos. De sus manos sudorosas y temblorosas -por aquel presentimiento que oprimía su pecho- el espejo se le escapo, dio hasta el piso «el tiempo se detuvo en un instante». Su mundo estaba a punto del paroxismo «su universo se colapsaba».

Se rehusó a creer en tan absurdo presentimiento «al fin y al cabo hacía mucho que había dejado de creer en horóscopos, supercherías y demás». Se dispuso a recoger cada pieza del rompecabezas en el que acabó aquel espejo. Juntó aquellos pedazos a un lado de la mesita de centro de la sala de su casa. Ahí los dejó para ir a buscar una bolsa en donde echar lo que quedaba del espejo. Al volver, empezó a juntar una a una las piezas astilladas y se percató que debajo de aquella mesita sobresalía la esquinita de una tarjeta. Procedió a sacarla, y las sorpresas aun no paraban «la tarjeta era de un café muy conocido, que estaba ubicado a orillas de la playa de su ciudad. El nombre: “Estrella de mar” ».

¿Siguen las coincidencias?, se preguntaba. ¡Bah! ¿Qué estoy pensando? Pero toda la tarde estuvieron esas pequeñas coincidencias rondando por su mente.
Llego la noche, pero su mujer no. De pronto ¡pum! La lucidez o la autosugestión dominaron su incredulidad. Tomó las llaves del coche y se dirigió inmediatamente hacia aquel café. Al llegar, fue directo a una de las ventanas de aquel lugar. Busco una a una de las mesas. Y en un apartado lugar, ahí estaba su mujer. Frente a ella, estaba una señora “leyéndole la mano”. Suspiro aliviado. Y se dijo asi mismo: sabia que eran puras tonterías lo que estaba pensando.
Entonces, cuando estaba a punto de apartarse de la ventana, miro como un tipo se sentó al lado de su mujer y la tomaba de la mano. -Ella sonriéndole le dio un beso en la boca-.

Quizás solo fueron coincidencias, pero desde aquel día el joven sabe que las coincidencias y los presentimientos siempre terminan por acertar los malos presagios. No importa si crees o no en supercherías.